Debo decirlo. A manera de confesión, si así escogen verlo. Aunque no sé qué tanto se le puede llamar confesión a algo que en realidad ni está oculto, ni intento mantener en secreto. Pero, el punto es que cuando yo conocí a Mario Heras, me pareció que era exactamente el tipo de persona con la que yo jamás me llevaría bien, ni tenía el menor interés en conocerlo.
Y así transcurrieron algunos años de formación universitaria en una institución del sur de la ciudad. Con cada quien por su lado, él cantando e involucrado con las actividades de una cosa llamada Difusión Cultural, y yo... pues no sé bien qué hacía yo porque eso del espíritu escolar nunca se me dio.
Así hasta que llegó el último año de la carrera, aquel en que por fin (¡por fin!) en la carrera de comunicación comenzábamos a estudiar... pues... comunicación. Antes, había sido Relaciones Internacionales, Psicología Organizacional, y hasta Estadística! Pero de comunicación... pues no mucho... pero bueno... Este último año por fin me llevaba al mundo del video, del radio, del guionismo, del diseño, y claro, del cine.
Por alguna razón que no me es del todo clara –además de que, como dije, por fin dejamos de llevar materias de carreras que no tienen nada que ver con lo que yo quería hacer– ese último año de la carrera lo compartí con las mismas 20 o 30 personas. No sé bien por qué, pero de pasar 7 semestres con un extenso número de compañeros intercambiables, éramos sólo algunos cuantos los que al final de ese año nos graduaríamos de la universidad. Si realmente necesitan saber, el año al que me refiero es 2004. Sí, el mismo de las olimpiadas en Atenas, en que se robaron El Grito de Munch de un museo en Oslo y mi graduación fue el mismo mes en que abrió el Taipei 101, el rascacielos más grande del mundo.
En fin. Regresando al comienzo de ese último año de la universidad, resulta que Mario era uno de esos 20 o 30 con los que compartiría clases. No sé bien por qué, pero digamos que por pura casualidad, nos tocó trabajar juntos y cuál fue mi sorpresa al darme cuenta que este tipo tal vez no me caería tan mal.
En fin.
Saliendo de la escuela, a él como a casi todos los que conocí como estudiante, lo dejé de ver bastante tiempo. Pero de alguna forma volvimos a coincidir y lo invité a participar el año pasado en nuestro ya tan referenciado corto, Culpa Levissima, donde nos echó la mano con el audio.
Por cierto. Ahora que mencioné que a muchos los dejé de ver, debo reconocer el gran valor de Facebook en volverme a conectar con ellos. Y no sólo de la universidad, sino de prepa, la secundaria y hasta la primaria, la cual por razones que en otro momento les diré, yo estudié en tres países diferentes.
Y así pues. Después de cambios, decisiones y encrucijadas, al fin llegamos a lo que tenemos hoy, y a nuestros cuatro protagonistas.
Marisol Centeno.
Fuzz.
Luis Gerardo Méndez.
Mario Heras.
Nada mal, ¿no?
Lo que escucho en este momento: "Tourniquet" de Marilyn Manson
4 comments:
y cómo fue que Mario Heras terminó como Rafael?????
Pues, realmente nunca hubo mucho debate. Conociéndolo de tantos años, tanto profesional como personalmente, simplemente era el que mejor llenaba los zapatos de alguien como Rafael. Pocos puede comparar la dificultad de los problemas de la vida con un cubo Rubik's con tanta seriedad como él. Así de simple.
Y ahora que ya describiste tanto a los personajes como a los actores, ¿cuál fue tu mayor aprendizaje de cada uno de ellos?
Desde la primera vez que leí un par de diálogos de Rafael en el guión le pregunté a Iván si el personaje estaba basado en Mario, sonaba mucho como él, bueno, quizá un poco más clavado. Pero divertido, ruidoso y con buenos gustos.
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